Hace un rato, mientras me entretenía con unos memes…digo con unos artículos interesantes de Neurociencias, leí algo, de esas cosas que te dejan pensando mientras  miras el piso, la pared, una media o lo que sea por un buen rato. “Entiendo la felicidad como una decisión”. (ya ok, en realidad es frase de una entrevista a la psicóloga Pilar Sordo).

Y es que una no se la pasa contenta todo el tiempo, dando de brincos y cantando. La vida real no es así. En la vida real tenemos malos días. Tienes el jefe que te jode, la hija que se cayó,  el kilo de más que subiste, la cita que te cancelaron, el carro que te chocaron, tu mamá pidiéndote por enésima vez que le expliques cómo mandar un mensaje en el Smartphone y cosas así. Y ni hablar de las enfermedades o la triste noticia de una pérdida. Con tantas cosas ocurriendo, la felicidad no puede ser otra cosa que una decisión. Y diaria.

Antes de trabajar las sesiones de Coaching con alguien, siempre me aseguro que la persona este decidida a querer dar un cambio. Sin voluntad, difícilmente hay cambio. Con la felicidad pasa algo parecido, para ser feliz hay que tener ganas de serlo, hay que tomar acciones para serlo.  Una vez que decidiste, una vez que empiezas a crear una rutina de buenos hábitos, la felicidad se va haciendo parte más cotidiana de tu vida. Cuando suena el despertador procuro sonreír. No levantarme de mala gana. Nada de eso, de arranque sonrío. Eso es una decisión, una decisión que luego se vuelve hábito, luego rutina. Pero es una rutina que a la larga genera felicidad. La suma de pequeños buenos hábitos puede construir la felicidad. Y eso señoras y señores es un tema de decisión. Yo decido levantarme temprano, salir a caminar o ejercitarme para bajar de peso. Yo decido tomar un desayuno saludable. Yo decido dedicar unos minutos de mi día a reír con mis amigos, colegas o familia para que la joda de mi jefe no me afecte. Yo decido animar a mi hija que se cayó en lugar de enfadarme, pues está aprendiendo. Yo decido estar agradecida porque me chocaron el carro pero a mí no me paso nada y además lo tenía asegurado. Yo decido ser más paciente con mi Mamá porque también llegaré a su edad. Yo decido alejarme de gente tóxica. Yo decido dar gracias antes de dormir.

Particularmente vengo aplicando desde hace algunos años una rutina de buenos hábitos, incluyendo pensamientos y afirmaciones positivas. No sé si aún me pasan cosas malas en el día, la verdad es que no las logro percibir, pues casi todo lo tomo con sentido del humor desde que cree esta rutina. Eso me hace estar más preparada mentalmente y anímicamente para acontecimientos que pudiesen ser más fuertes, como cuando me dio apendicitis,cuando falleció mi abuelita o cuando personas cercanas a mi enfermaron de cáncer. Es más difícil superar problemas cuando vives en un estado constante de infelicidad y amargura. La vida es una sola, por qué no decidir hacerla un poco más feliz?