Ella deseaba con todo el corazón obtener ese ascenso. Pensaba en ello día y noche, lo soñaba, lo imaginaba. Llegado el día, no obtuvo nada. Se sintió decepcionada…Este otro joven anhelaba ganar mucho dinero, salir de esa mala racha de acontecimientos que parecían siempre afectar su vida como una maldición. El tiempo pasaba y no obtenía nada, solo más problemas…Otra mujer le contaba a todo el mundo con mucha pena lo mucho que sufría por ese hombre que la maltrataba, que solo sabía hacerla llorar, que la engañaba. Ella decía que estaba cansada, que quería alejarse ya de él. Sin embargo, algunos días la veías sonriente, comentando que ya todo estaba mejor entre ellos. Poco era el tiempo que esa alegría le duraba. El tiempo pasaba sin salir de ese ciclo de dolor y efímera alegría en que estaba atrapada…

¿Qué tienen en común estas tres personas?

Solo una cosa. Ellos NUNCA tomaron una decisión verdadera.
Pues, verán, estas tres personas nunca tomaron acciones concretas. Nunca se plantearon un objetivo respecto a la situación, nunca planificaron la estrategia para llevarlo a cabo. No establecieron pautas que les permitiera medir sus avances. Simplemente, nunca actuaron y esperaron pensando que las cosas llegarían por si solas.

Y es que en el fondo algo limitaba a estas 3 personas…

Normalmente es “el miedo a algo” lo que nos limita a tomar decisiones verdaderas y acciones concretas.
Muchas veces el problema se muestra muy evidente, pero preferimos buscar cualquier solución distinta a la que realmente generaría un cambio a su situación. Y es que seguramente existe un temor, temor a enfrentar, temor a perder, temor a sufrir, temor a fracasar, temor a no ser capaz, etc.

Cuando tomamos una decisión verdadera, solemos empezar tomando alguna acción concreta. Está acción desencadena una serie de acontecimientos posteriores que “mágicamente” si te llevan a lograr lo que deseas. La varita mágica es el cerebro, ya que al tomar una decisión este desencadena actitudes, comportamientos, emociones y acciones que finalmente generan cambios. Por otro lado la energía que generamos al tomar una decisión también influye “cuanticamente” desencadenado una serie de hechos que se convierten en oportunidades. Pero todo parte de la decisión, de saber lo que se quiere realmente y de tomar una acción. No importa si no sabes lo que enfrentarás, solo es importante saber que haces lo correcto, porque así lo deseas.

Cuando realmente tomes una decisión, verás que el universo entero conspira a tu favor para lograrlo. Verás como todo se confabulará para ayudarte a concretar aquello que consideras importante para ti.
La decisión por si misma te abrirá puertas. Si no sabes como hacer algo, pide ayuda. Pero pide ayuda a personas que han logrado salir adelante a pesar de la adversidad o pide ayuda profesional.

Toma la decisión y ve como la magia fluye después…

Lourdes Guevara